Muchos de ustedes estarán leyendo alguna novela de misterio en la que seguro hay un inspector y un crimen en el relato. La realidad supera la ficción y en este artículo de la revista Limpiezas nos adentramos en la limpieza forense.
Lo primero que tenemos que saber es que la limpieza forense se orienta a la localización y preservación de indicios y rastros que pueden resultar clave en investigaciones de tipo penal. Este trabajo minucioso requiere el uso de técnicas especializadas y un amplio conocimiento de materiales y superficies.
La retirada de biocontaminación, la desinfección profesional, la trazabilidad documental y el control de riesgos son parte esencial de la limpieza forense. Previamente, es fundamental una evaluación de la zona a intervenir.
La norma ISO 21043-2, que establece los requisitos para el reconocimiento, registro, recogida, transporte y almacenamiento de elementos con potencial valor forense, señala que los riesgos deben evaluarse e identificarse a lo largo de todo el proceso forense.
Según el artículo, la higienización de una zona se realiza cuando es necesario llevar a cabo una limpieza a raíz de actos o sucesos asociados a fallecimientos de diversa consideración.
Es el caso de:
Los avances experimentados por la medicina forense en relación con las técnicas identificativas y las peculiaridades de la organización de la actividad científico-judicial requieren la participación y coordinación de diversos estamentos, como son el Cuerpo Nacional de Médicos Forenses, el Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses, la Comisaría General de Policía Científica y el Servicio de Criminalística de la Guardia Civil, y las policías autonómicas donde estén constituidas.
En España, los fluidos biológicos –sangre, secreciones, tejidos o restos humanos– se clasifican como residuos biosanitarios peligrosos bajo la Ley 7/2022, de 8 de abril, de residuos y suelos contaminados para una economía circular, y el Real Decreto 833/1988 sobre residuos tóxicos y peligrosos. Estos pertenecen a las clases III, V y VI: infecciosos, citotóxicos o con riesgo mutagénico. Por ello, deben gestionarse por empresas autorizadas, prohibiendo su vertido, reciclaje o incineración no controlada.
En Brillosa realizamos este tipo de trabajos y tenemos profesionales formados, protocolos específicos y procedimientos adaptados para este tipo de intervenciones.
Limpieza sostenible, cuidado humano: construyendo un futuro más limpio, juntos
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